domingo, 22 de septiembre de 2013

Frutos rojos...y hielo

De nuevo, un esperado sábado de primavera comienza con un relajado viaje en autobús a su ciudad, bajo la intensa lluvia, y se transforma en un nervioso trayecto en taxi a la casa de mi Señor. Han pasado largas semanas en las que nos hemos ansiado y deseado en la distancia, que se esfuman en un segundo con el intenso beso y efusivo abrazo con el que me recibe. De ahí…casi sin palabras, a la cama.

 Tras saciar nuestras ganas de contacto mutuo,  de contacto real, de sudor y gemidos, de escribir en mi piel, nos obligamos a tomar un rato para trabajar en el proyecto que oficialmente me ha llevado a visitarle en su ciudad.

Tras la comida, relax. Disfruto dándole un tranquilo y relajante masaje en la espalda, recorriéndole con las manos, deslizándolas sobre él. Sigo ahora con su pecho, masajeándolo, tocándole y acariciándole. Voy bajando cada vez más, por la cintura, y por fin…mi llego a mi premio. La saboreo con ganas y devoción. Lamiendo, succionando y besando. Recorriéndola hasta no dejar ni un cm de piel sin disfrutar con mi lengua. Me atrevo, bajo un poco más, llego a su  culo y…sigo recorriendo con la lengua esa zona casi inexplorada para mí. Sigo con mi boca, él está relajado, y decido dar un paso más hacia lo desconocido…ahora es mi dedo el que acompaña a mi lengua en su privilegio… Quiero que disfrute y me entrego a ello con caricias.

Descansamos un rato, tumbados en la cama, cuando de repente se levanta y vuelve con un cuenco de fresas y las primeras cerezas de la temporada [Si querido lector, esta es una historia antigua que dormitaba en el papel y solo ahora comparto contigo] Después de retomar fuerzas con la fruta, me veo casi sin darme cuenta con el antifaz puesto y las manos atadas por encima de la cabeza con lo que parece un tipo de tela, seda, ¿una corbata quizás?

Empieza a jugar conmigo, tocándome por donde quiere, jugando con mi coño, obligándome a abrir las piernas para él. Me siento expuesta a lo que él quiera…y esa sensación de sentirme como un juguete a su disposición, como la otra vez…me excita muchísimo. Noto algo frío que me recorre el monte de Venus, llegando hasta mis pliegues, metiéndose en mi interior. Pienso en lo que puede ser, un escalofrío me recorre, y siento cómo juega dentro de mí. Lo mueve, lo desliza…y lo saca, llevándome a la boca la fresa bañada en mis jugos. Está deliciosa. Repite la operación con una nueva fresa, esta vez no viene a mi boca, pero escucho el silencio. Solo después sabré que la fruta empapada de mis jugos se perdería en su boca.

Sigue tocándome y frotándome, poniéndome cada vez más caliente, casi al borde del orgasmo continuamente. Midiendo el tiempo. Sin dejarme ir del todo.

Me estremezco cuando escucho el sonido de los hielos en un vaso, y cómo los saca. Una pausa…y de repente siento el frío en mi coño y me provocan un escalofrío instantáneo. Es tanto contraste con mi piel ardiendo que me es casi imposible de soportar; ¡muevo mis caderas, cierro mis piernas! ¡no puedo evitarlo, quiero huir de esa sensación! El responde a mis evasivas, y me ordena mantenerlas abiertas de una manera que no puedo evitar cumplir su deseo. El reflejo quiebra mi voluntad y mi instinto me lleva a cerrarlas nuevamente, pero me obligo a mí misma a abrirlas.  El frío en el coño, en los labios hace que sean más sensibles, me provoca un dolor sordo…los entumece, es una situación desagradable que tardará, aun cuando el hielo ya se ha retirado de mi piel, en desaparecer.

Acerca de nuevo fruta a mis labios, esta vez  es una cereza y me hace comerla, al tiempo que escupe sobre mi boca, obligándome a tragar todo, fruta y saliva. Trago rápidamente. No le veo, no sé que ocurrirá a continuación. De repente siento un liquido caer sobre mi boca, derramándose sobre mi cara. Temo que pueda ser leche como la vez que me obligó a tomarla…pero…siento el delicioso sabor del vino tinto, que se me va derramando por el cuello y el pelo, y trago con ansias lo que ha caído en mi boca. Estoy terriblemente excitada y siento que haría cualquier cosa. Lo estoy, si, estoy al límite, parece que todo se va a terminar pero no; él, dueño del tiempo, sigue torturándome de placer.

Él maneja las pausas, el ritmo, me libera a su antojo del antifaz y me deja ver su mirada divertida…”¿y si te dejo así, hasta que volvamos de la cena, sin dejar que te corras?” Le miro de golpe, y él al ver mi expresión, se echa a reír, le divierte verme tan caliente y tan a punto de orgasmo hace un momento y ahora el gesto en mi rostro al ser consciente de que sería capaz de hacer algo así…No digo nada…espero paciente…imagino que se lo puede estar pensando dependiendo de mi reacción.  Le digo…”no creo que sea buena idea que me lleves contigo a la cena en este estado, tan caliente como me has dejado, podría hacer cualquier tontería” Se echa a reír de nuevo: “cierto perrita, tranquila, no te dejaré así, tengo preparada una tortura histórico-cultural para ti, y entonces, dejaré que te corras”

Me dejó totalmente intrigada y pensativa...

Moët

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