lunes, 16 de septiembre de 2013

El sol de septiembre.

Suena Glenn Gould en un viejo disco de los años sesenta y mientras las variaciones Goldberg brotan de sus dedos, leo en tu diario que estas necesitada de mi.

No puedo -mientras te leo- evitar pensar en el sol que timidamente ilumina mi despacho por unas horas. En algún momento de la mañana hace su aparición sin hacer ruido, lo noto suavemente acariciando mi brazo. Sin molestar. Regalándome su reconfortante tacto sobre mi piel. Y ese bienestar me mece llevándome a un limbo donde los dorados rayos del astro rey son ahora tus cabellos, y aire se vuelve tibio como tu aliento cuando encendida quedas a mi voluntad.
Y así pasa el tiempo y por mi cabeza discurren tus jadeos siempre a mi placer, tu actitud siempre solícita ami deseo. El ruido en torno mia no obedece ya a la fanfarre funcional del edificio, ahora en mis oidos habita tu piel respondiendo a mis azotes, el sordo ruido de la seda del corsé, el aire gritando al ser cortado...

Hace semanas que no te veo, dias que no hablo con mi perra, pero cada mañana tengo, el tímido sol de septiembre. Al que se cuela por mi ventana, lo llamo Moët.

Pamplona, 16 de septiembre de 2013
Domine Craso

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