jueves, 26 de septiembre de 2013

Despierto levemente...

Estoy en tu cama, te siento a mi espala
Tu brazo me rodea relajado.

Me muevo ligeramente
Tu brazo me cierne con fuerza sobre mi cuerpo
Apretándome contra ti.

Con fuerza
Como si temieras que escapara
Casi me haces daño.

Me haces gemir de placer...de dolor...

Cierro los ojos

Vuelvo a deslizarme en un sueño sereno
en la prisión de tu cama
...
Moët

domingo, 22 de septiembre de 2013

Frutos rojos...y hielo

De nuevo, un esperado sábado de primavera comienza con un relajado viaje en autobús a su ciudad, bajo la intensa lluvia, y se transforma en un nervioso trayecto en taxi a la casa de mi Señor. Han pasado largas semanas en las que nos hemos ansiado y deseado en la distancia, que se esfuman en un segundo con el intenso beso y efusivo abrazo con el que me recibe. De ahí…casi sin palabras, a la cama.

 Tras saciar nuestras ganas de contacto mutuo,  de contacto real, de sudor y gemidos, de escribir en mi piel, nos obligamos a tomar un rato para trabajar en el proyecto que oficialmente me ha llevado a visitarle en su ciudad.

Tras la comida, relax. Disfruto dándole un tranquilo y relajante masaje en la espalda, recorriéndole con las manos, deslizándolas sobre él. Sigo ahora con su pecho, masajeándolo, tocándole y acariciándole. Voy bajando cada vez más, por la cintura, y por fin…mi llego a mi premio. La saboreo con ganas y devoción. Lamiendo, succionando y besando. Recorriéndola hasta no dejar ni un cm de piel sin disfrutar con mi lengua. Me atrevo, bajo un poco más, llego a su  culo y…sigo recorriendo con la lengua esa zona casi inexplorada para mí. Sigo con mi boca, él está relajado, y decido dar un paso más hacia lo desconocido…ahora es mi dedo el que acompaña a mi lengua en su privilegio… Quiero que disfrute y me entrego a ello con caricias.

Descansamos un rato, tumbados en la cama, cuando de repente se levanta y vuelve con un cuenco de fresas y las primeras cerezas de la temporada [Si querido lector, esta es una historia antigua que dormitaba en el papel y solo ahora comparto contigo] Después de retomar fuerzas con la fruta, me veo casi sin darme cuenta con el antifaz puesto y las manos atadas por encima de la cabeza con lo que parece un tipo de tela, seda, ¿una corbata quizás?

Empieza a jugar conmigo, tocándome por donde quiere, jugando con mi coño, obligándome a abrir las piernas para él. Me siento expuesta a lo que él quiera…y esa sensación de sentirme como un juguete a su disposición, como la otra vez…me excita muchísimo. Noto algo frío que me recorre el monte de Venus, llegando hasta mis pliegues, metiéndose en mi interior. Pienso en lo que puede ser, un escalofrío me recorre, y siento cómo juega dentro de mí. Lo mueve, lo desliza…y lo saca, llevándome a la boca la fresa bañada en mis jugos. Está deliciosa. Repite la operación con una nueva fresa, esta vez no viene a mi boca, pero escucho el silencio. Solo después sabré que la fruta empapada de mis jugos se perdería en su boca.

Sigue tocándome y frotándome, poniéndome cada vez más caliente, casi al borde del orgasmo continuamente. Midiendo el tiempo. Sin dejarme ir del todo.

Me estremezco cuando escucho el sonido de los hielos en un vaso, y cómo los saca. Una pausa…y de repente siento el frío en mi coño y me provocan un escalofrío instantáneo. Es tanto contraste con mi piel ardiendo que me es casi imposible de soportar; ¡muevo mis caderas, cierro mis piernas! ¡no puedo evitarlo, quiero huir de esa sensación! El responde a mis evasivas, y me ordena mantenerlas abiertas de una manera que no puedo evitar cumplir su deseo. El reflejo quiebra mi voluntad y mi instinto me lleva a cerrarlas nuevamente, pero me obligo a mí misma a abrirlas.  El frío en el coño, en los labios hace que sean más sensibles, me provoca un dolor sordo…los entumece, es una situación desagradable que tardará, aun cuando el hielo ya se ha retirado de mi piel, en desaparecer.

Acerca de nuevo fruta a mis labios, esta vez  es una cereza y me hace comerla, al tiempo que escupe sobre mi boca, obligándome a tragar todo, fruta y saliva. Trago rápidamente. No le veo, no sé que ocurrirá a continuación. De repente siento un liquido caer sobre mi boca, derramándose sobre mi cara. Temo que pueda ser leche como la vez que me obligó a tomarla…pero…siento el delicioso sabor del vino tinto, que se me va derramando por el cuello y el pelo, y trago con ansias lo que ha caído en mi boca. Estoy terriblemente excitada y siento que haría cualquier cosa. Lo estoy, si, estoy al límite, parece que todo se va a terminar pero no; él, dueño del tiempo, sigue torturándome de placer.

Él maneja las pausas, el ritmo, me libera a su antojo del antifaz y me deja ver su mirada divertida…”¿y si te dejo así, hasta que volvamos de la cena, sin dejar que te corras?” Le miro de golpe, y él al ver mi expresión, se echa a reír, le divierte verme tan caliente y tan a punto de orgasmo hace un momento y ahora el gesto en mi rostro al ser consciente de que sería capaz de hacer algo así…No digo nada…espero paciente…imagino que se lo puede estar pensando dependiendo de mi reacción.  Le digo…”no creo que sea buena idea que me lleves contigo a la cena en este estado, tan caliente como me has dejado, podría hacer cualquier tontería” Se echa a reír de nuevo: “cierto perrita, tranquila, no te dejaré así, tengo preparada una tortura histórico-cultural para ti, y entonces, dejaré que te corras”

Me dejó totalmente intrigada y pensativa...

Moët

lunes, 16 de septiembre de 2013

El sol de septiembre.

Suena Glenn Gould en un viejo disco de los años sesenta y mientras las variaciones Goldberg brotan de sus dedos, leo en tu diario que estas necesitada de mi.

No puedo -mientras te leo- evitar pensar en el sol que timidamente ilumina mi despacho por unas horas. En algún momento de la mañana hace su aparición sin hacer ruido, lo noto suavemente acariciando mi brazo. Sin molestar. Regalándome su reconfortante tacto sobre mi piel. Y ese bienestar me mece llevándome a un limbo donde los dorados rayos del astro rey son ahora tus cabellos, y aire se vuelve tibio como tu aliento cuando encendida quedas a mi voluntad.
Y así pasa el tiempo y por mi cabeza discurren tus jadeos siempre a mi placer, tu actitud siempre solícita ami deseo. El ruido en torno mia no obedece ya a la fanfarre funcional del edificio, ahora en mis oidos habita tu piel respondiendo a mis azotes, el sordo ruido de la seda del corsé, el aire gritando al ser cortado...

Hace semanas que no te veo, dias que no hablo con mi perra, pero cada mañana tengo, el tímido sol de septiembre. Al que se cuela por mi ventana, lo llamo Moët.

Pamplona, 16 de septiembre de 2013
Domine Craso

Necesitada de Tí, mi Señor

Me siento necesitada de ti, mi Dueño y Señor. Son muchas las sensaciones que me invaden últimamente, la sensación de sentirme desaprovechada, y en ocasiones poco deseada y un poco inutilizada. 

Intento ahuyentarlas de mi cabeza, porque sé que estás terriblemente ocupado. Que no te dan las horas para hacer todo lo que deseas, incluido ocuparte de mí. Yo ando un poco igual últimamente, muy liada y atareada con mil cosas, se me va el tiempo sin poder terminar tareas pendientes. Pero  aun así, siendo consciente de esta situación, no puedo evitar sentirme así. Se que deseas utilizarme, usarme para tu placer, y jugar conmigo. Yo también lo estoy deseando y lo sabes. Y aun así….sé que no puedes perder un minuto conmigo. 

Intento tener paciencia, esperar…y no impacientarme. No pensar sólo en el placer que me proporciona complacerte y servirte. Pero me haces gozar tanto al estar a tu servicio, que…¿cómo no voy a estar impaciente por volver a estarlo? 

Aún siendo racional, sabiendo que queda poco tiempo para vernos, pensando en otras cosas e intentando mantener estas sensaciones al margen, hay momentos en los que me dejo llevar por el lado exhibicionista que has hecho surgir de mi, y te regalo imágenes tentadoras, en las que te muestro mis ganas y ansias por estar de nuevo…a Tus Pies.

Besos Moët.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Marcada

Me gusta ver las marcas que me deja mi Amo cuando vuelvo de estar con él. Como su firma en mi cuerpo. Como su sello.


Son casi como trofeos que me traigo de cada visita. Hacen que perduren los recuerdos un poco más y que me sienta como una yegua marcada por su Dueño. Me acompañan durante días. Al principio son imperceptibles, pero poco a poco según los recuerdos se van diluyendo, ellas se hacen más fuertes y más visibles.



Porque aunque le recuerdo….mucho…cada vez que las vuelvo a ver cuando me desvisto,  o cuando voy al ir al servicio a todo correr mientras estoy en el trabajo, las veo, las acaricio, y me vienen las imágenes de esos momentos a la cabeza como flashes. Imágenes que me provocan punzadas en el vientre, que provocan que algo se retuerza en mi interior. Sólo el recuerdo me transporta a ese instante de nuevo, bajo su dominación. y hacen que se me escape un gemido de placer Siento orgullo al poseerlas, por haber aguantado el dolor que me produjo Él al hacerlas, por el placer de su mirada.



Miro cada una y me evoca al instante exacto en el que me la hizo. El moratón del muslo, un arranque que le dio de pronto cuando se incorporó y se dirigió directo al muslo para dejar clavada su boca, arrancándome un pequeño grito mientras le intentaba retirar la cabeza al no poder aguantar más. El beso que vino después, cariñoso…


La marca del bocado de mi glúteo derecho, no puede negarse lo que la provocó. Casi circular, evidencia el mordisco. Más fuerte que la otra, con los dientes marcados con fuerza, con fiereza, con mucha pasión, con dominación.

Aunque por otra parte me “enfade” un poco con Él por dejarme unas marcas tan evidentes y que me suponga un verdadero problema evitar que alguien las vea, como mi marido o  mi familia en la playa. Sabe que me las vi muy mal  para tapar la marca del culo con el bikini. Creo que ponerme en esos aprietos además le encanta, que me suponga todo un reto añadido. Y es que tiene una mente muy retorcida, mi deseado y adorado Señor.


Besos, Moët