lunes, 1 de julio de 2013

y Él estuvo en mi casa


Por primera vez estuvo en mi casa, viendo los lugares donde tantas veces juega conmigo a través de la cámara. Me encantó enseñarle cada habitación, cada rincón….llevándome de la correa atada al collar, como una perra, caminando enseñándole todo.

 
Fue al enseñarle la cocina, cuando él se detuvo, y entró, ordenándome quedarme en al pasillo, de rodillas esperando. Le sentí buscar algo en el frigorífico y creí saber lo que estaba buscando. Leche. La odio, y la tengo muchísimo asco, y lo sabe, por supuesto. Lo que no me imaginaba era que me había preparado un plato en el suelo, con leche, y que  me obligaría a lamerla.

 Y allí me vi de golpe. Con la cabeza inclinada sobre el plato, como una gata ante la leche. Recibiendo su orden de lamerla, y paralizada sobre el plato. Con su mano en mi cabeza, me la acerca más y más, al blanco elemento que tanto asco me causa, casi rozándolo con la nariz. Poco a poco me armé de valor y me decidí a sacar la lengua y acercarla a la leche. Comencé a lamer, intentando no degustarla. Sintiendo al mismo tiempo sus caricias en mi sexo, sus dedos dentro de mí, excitándome, mientras me insiste en seguir lamiendo. Lucho con la sensación de la repugnancia y la fuerza por obedecerle y la inexplicable excitación de la situación.  Sigo hasta que está satisfecho y me ordena recoger el plato y guardarlo.
 


Después de un erótico masaje con mis pechos por todo su cuerpo  vinieron los azotes de un castigo pendiente, cuyas razones no vienen a cuento. Me pidió que le trajera de la cocina los enseres de madera para cocinar. Tomo un cucharon plano, de mi propia casa, con los que habitualmente cocino –y también mi marido-, y ahí estaba yo, inclinada, lista para recibirlos. Excitada. Anhelante…hasta que sentí el azote en mi culo, una vez…y otra ….y otra….haciendo que me excitara mas y más,…sintiendo el dolor, y el alivio, el placer y el deseo. Aguanté cada uno de ellos, diferentes a los que me había dado antes.  Hasta que dejó las cucharas y me puso sobre sus rodillas, para seguir azotándome con sus grandes manos. Una vez…., y otra….., y otra….. Sintiendo el dolor de nuevo, y el placer, más aún. Llegó un momento que me dejó tocarme mientras me los daba. Estaba empapada, y con solo tocarme un poco, sentí como iba más allá, cómo el dolor me transportaba, hasta estar a punto del orgasmo, y sentir cómo al recibir un fuerte azote de su mano y sentir el dolor que me provocó, todo estalló dentro de mí.

Moët

1 comentario:

  1. que nervios..........la primera vez que se entra en la casa.....ufff..todavia me acuerdo de nuestro nerviosismo......y como, sin hacer nada, salimos casi, casi corriendo ¡¡

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