martes, 18 de junio de 2013

La visita Dia 1


Recibí una inesperada visita. Surgió todo sin pensarlo demasiado… empezó todo un martes, con un mensaje de mi Señor “¿Qué vas a hacer mañana?”. Estaba de camino, y un rato antes de cerrar,  dos horas después del mensaje, apareció en el bar donde trabajo. Vivimos en ciudades diferentes. Esa noche misma lo acompañe a la habitación del hotel. Fueron solo unos minutos, un preludio de lo que ocurriría las siguientes mañanas juntos, horas robadas a jornadas de trabajo. ..


De nuevo disfruté de la servidumbre y obediencia. Del placer de enjabonarle con mimo y devoción cada parte de su cuerpo, acariciándolo, lavándolo y aclarándolo con agua caliente. Sentir su mirada en mí mientras lo hacía y su goce. Disfruté secándole y cuidándole mientras me dedicaba a él con tareas tan intimas como servirle unos masajes o hacerle la pedicura. Y más disfruté al sentir lo complacido que se sentía, lo que disfrutaba al servirle con devoción. 

De aquella mañana recuerdo un momento con intensidad. Me encontraba sirviéndole cuando me vi obligada a pedirle permiso para ir al wc. Llevaba aguantando un buen rato, no quería romper el momento, pero no podía más…me meaba. Y entonces…entonces,  me obligó a hacerlo delante de él, “como lo hacen las perras” en cuclillas, en la ducha, mientras tenía su polla en la boca. El placer que me provocaba hacerle la mamada impedía que me concentrara en mear. ¿Era eso un castigo? Tenía unas ganas terribles pero no podía hacerlo. Tenía que realizar un gran esfuerzo para contener el placer y poder relajarme para mear. …pero al mismo tiempo quería dejarme llevar… fue tan excitante sentir ese tipo de humillación

Jugó con mi cuerpo, teniéndome a su merced a cuatro patas sobre la cama, con el coño húmedo de puta caliente usando los juguetes en mi interior, haciendo que me retorciera de placer…y de dolor al sentir uno de ellos en mi culo. Los gemidos de dolor que se fueron transformando en delicioso y sorprendente placer al sentir mis dos agujeros llenos, húmedos, acogedores, y todo ello unido a sus manos y su dedicación. Dejarme hacer…sentirme usada por él para su placer, pero, generosamente, buscando un hueco para el mío. Me obligó a tocarme mientras él me miraba, como un simple observador, sintiendo como el placer invadía cada rincón de mi cuerpo, al tiempo que veía cómo sacaba la cámara y me fotografiaba en plena acción. No me importaba nada….no había vergüenza en ese momento, ya lo la hay con él.
Moët
  


1 comentario:

  1. Delicioso relato......parece como si el lector, estuviese en el mismo lugar donde se desarrolla la escena.....mirando como te tocabas.....

    Enhorabuena ...........y sigue deleitándonos ¡¡¡

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