martes, 4 de junio de 2013

La Imposición de mi COLLAR




Hace semanas que trato de completar este post, son tantos los detalles, los momentos que no quiero olvidar, los nervios que regresan al recordarlo…como nerviosa estaba aquella mañana de sábado del mes de abril, mucho más inquieta que las dos mañanas de los días que ya he descrito aquí

“Si todo sale según los planes previstos...
pasaré el día entero y la noche con mi Señor y será el día que me pondrá por fin el Collar que indique que soy de su propiedad” -pensé.

Todo transcurrió, en principio, según lo previsto:viaje relajado en autobús, comida en su casa… y siesta incluida, aunque menos siesta….hay de todo, placer relajado, caricias, besos y magreos, mamadas, sobeteos, jadeos, y orgasmos. Me siento a gusto en su casa, pero al mismo tiempo me siento un poco extraña allí, sin los riesgos de que me vea alguien conocido, y en su territorio, en sus dominios.

Esa tarde-noche, me lleva y presenta a alguno de sus amigos . Me divierte la idea de que nadie sospecha nada, nadie imagina que estoy deseando llegar a su casa para que me ponga el collar y arrodillarme a sus pies. ¡Si ellos supieran!

Nos inventamos una excusa para irnos pronto a casa.

Casi sin tiempo de haber cruzado el umbral de su puerta. Me ordena ponerme el corsé con el tanga a juego, las medias con el liguero, y el pintalabios. Excitación y angustia…todo regresa repentinamente Obedezco sin mediar palabra, y espero inquieta en su habitación a que salga de otra en la que parece que esta preparando algo. Me hace pasar allí. Hay una cama casi en el centro, telas oscuras cubriendo lo que parecen muebles o estanterías, y una suave y calida luz que lo envuelve todo. El sigue con su traje y con un sombrero negro, sentado imponente en una silla.

Me tiende unas sabanas y me ordena hacer la cama. Su voz ha cambiado a un tono serio, dominante y su rictus autoritario me pone nerviosa. Hago la cama con dificultad por la limitación de movimientos que me causa el corsé, pero aún así hace que me sienta excitada sólo por llevarlo, sintiéndome aprisionada y encajada entre sus varillas. Los pechos me desbordan cada vez me inclino para ajustar las sabanas. Aun sigo nerviosa.

Me ordena ir a su lado, arrodillarme a sus pies. Con las rodillas en el suelo, mis manos sobre ellas, le miro. Me hace saber que no deberla ser así, que debería tener la mirada baja, sumisa. Me contraría que me regañe, me hace sentir como una niña pequeña. Me tiene así unos segundos, nerviosa…expectante -¿quieres estar a mi servicio? – si…- ¿quieres ser mi sumisa?- si…- ¿por qué quieres que sea yo tu amo? – porque quiero complacerte…-¿pero por qué yo? ¿podría haber sido cualquiera? – no…- ¿por qué? –

No se qué decirle, no sé qué contestarle, no sé como expresarme y sacar las sensaciones que llevo dentro. Quiero ser su sumisa, servirle, complacerle, hacerle disfrutar, hacer que goce, pero no podría haber sido cualquiera.... Es con él con quien me siento completa, a quien quiero darme del todo, pero cómo explicarle el por qué.

Me quedo callada, muda, no encuentro las palabras. Estoy bloqueada y él lo sabe.

Pasan los minutos. Agacho la cabeza, estoy a la espera de que me diga algo, de que me pregunte, de que me ayude a hablar…pero no lo hace. Sigue esperando. Me amenaza con mandarme a tumbarme a esa cama que acabo de hacer, para quedarme allí hasta el día siguiente, sola….- No, por favor….- Espera…y espera…pero de mis labios no salen las palabras y cuanto más tiempo pasa más me cuesta abrir siquiera la boca. Me duelen las rodillas, me voy agachando lentamente hasta descansar sobre los pies, apoyándome en sus piernas, casi escondiéndome en ellas, necesitada de él…pasan los minutos, y él sigue esperando. Me siento pequeña, no quiero defraudarle pero siento que lo estoy haciendo, y un nudo cada vez mas grande invade mi interior. He entrado en barrena. Siento que en cualquier momento cumplirá su amenaza de mandarme a la cama y en ese momento en el que siento que un tormento íntimo me está devorando, escucho su voz redentora:…..

– quieres que te ponga el collar? – si…
–¿quieres llevarlo como símbolo de tu sumisión? – si…-

Mi voz era casi una súplica, pero si un susurro era mi voz una tormenta tronaba en mi interior cuando, al ponerme el collar. Me sentí completa. Suya, sólo suya. 

Moët 

4 comentarios:

  1. Preciosa forma de explicarlo. Cuando Mi Señor me pidio le justificara porque el y no otro sucedio igual. Muda. Mis pensamientos se bloquearon. Mil mails antes fui capaz de definir infinitos motivos para ofrecerme como su sierva. Pero a sus pies...sabiendo el significado de la pregunta. ..me quede sin palabras. Y como tu Dueño. ..me echo un ckave diciendo las palabras que yo debia repetir.

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  2. un bello relato, narrado desde el sentimiento mas profundo.....

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  3. Es todo un problema cuando las palabras se niegan a salir...cuando las emociones nos bloquean....gracias por compartir esos momentos tan íntimos

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  4. sumisa de M, Jota, luna, gracias por vuestros comentarios. Es un alivio saber que no soy la única que ha pasado por esas circunstancias. Besos a los tres. Moët.

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