viernes, 28 de junio de 2013

Los caprichos de mi amo

Entre los caprichos de mi Amo, entre sus lúdicos entretenimientos está el ponerme de rodillas sobre la cama,  como una perrita, y hacerme caminar hacia su polla. 
Lo hace, a veces, cuando comprueba que estoy tan caliente que no soy dueña de mi. Y allí voy, moviéndome rápidamente hacia su polla. El me deja saboreándola para luego obligarme a retroceder hasta el otro extremo del tálamo. Y nuevamente me llama, y como el animal obediente que soy en ese momento vuelvo gateando hasta ella otra vez, para chuparla un poco, y dejarme con las ganas, como una niña a la que le quita el chupa chups, y así el juego continúa una y otra vez hasta que, apiadándose de mí, me deja saborearla al completo, succionando y lamiendo, con ansias y hambre de polla. Entrando en mi boca una y otra vez, sintiendo su polla en mi lengua, haciéndole sentir todo el goce imaginable con mi boca, y entonces…cuando estoy entregada en mi empresa, comienza a azotar mi trasero, provocándome más placer del que podría hacer nadie con cariñosas caricias, haciendo que esa mezcla de dolor, disfrute y sometimiento me lleven al éxtasis, al mayor de los placeres, rompiéndome en mil pedazos…
A veces, tengo suerte y él deja de un lado el control y decide abandonarse. Es entonces cuando me honra con el sabor de su semen en mi paladar.

Moët

domingo, 23 de junio de 2013

LA VISITA, DÍA 2



La segunda mañana con él, sucedió lo que para mí fue más sorprendente, revelador, y especial….sentí su lluvia dorada sobre mi cuerpo. ..

Ya me había sorprendido muchísimo cuando jugó con esta fantasía en una llamada de teléfono en la que terminé corriéndome para él imaginando esta situación. Nunca antes había fantaseado con este tipo de experiencia, y es algo que no me atraía especialmente, no le había visto la gracia antes….hasta ahora.

Dedicada a su aseo diario, en la ducha, y en un momento en el que quedé arrodillada a sus pies, pegada a su cuerpo. Me ordenó acariciarme el coño, tocándome y estando ya casi a punto, escuché su voz ordenandome que le mirase a la cara, y al tiempo que sentía el agua caliente de la ducha en las piernas, comencé a sentir su orina sobre mis pechos, sobre mi tripa, resbalando por mi cuerpo, mientras nos mirábamos en un momento tan íntimo que se convirtió en un instante mágico. Sentí que era un regalo ganado, merecido, y me sentí orgullosa de recibirlo. Y sentí de nuevo un sorprendente placer, uno más de los que voy descubriendo de su firme mano.

Ahora sólo deseo que lo repita, sentir de nuevo su lluvia dorada sobre mí, sentirme merecedora de ella.

martes, 18 de junio de 2013

La visita Dia 1


Recibí una inesperada visita. Surgió todo sin pensarlo demasiado… empezó todo un martes, con un mensaje de mi Señor “¿Qué vas a hacer mañana?”. Estaba de camino, y un rato antes de cerrar,  dos horas después del mensaje, apareció en el bar donde trabajo. Vivimos en ciudades diferentes. Esa noche misma lo acompañe a la habitación del hotel. Fueron solo unos minutos, un preludio de lo que ocurriría las siguientes mañanas juntos, horas robadas a jornadas de trabajo. ..


De nuevo disfruté de la servidumbre y obediencia. Del placer de enjabonarle con mimo y devoción cada parte de su cuerpo, acariciándolo, lavándolo y aclarándolo con agua caliente. Sentir su mirada en mí mientras lo hacía y su goce. Disfruté secándole y cuidándole mientras me dedicaba a él con tareas tan intimas como servirle unos masajes o hacerle la pedicura. Y más disfruté al sentir lo complacido que se sentía, lo que disfrutaba al servirle con devoción. 

De aquella mañana recuerdo un momento con intensidad. Me encontraba sirviéndole cuando me vi obligada a pedirle permiso para ir al wc. Llevaba aguantando un buen rato, no quería romper el momento, pero no podía más…me meaba. Y entonces…entonces,  me obligó a hacerlo delante de él, “como lo hacen las perras” en cuclillas, en la ducha, mientras tenía su polla en la boca. El placer que me provocaba hacerle la mamada impedía que me concentrara en mear. ¿Era eso un castigo? Tenía unas ganas terribles pero no podía hacerlo. Tenía que realizar un gran esfuerzo para contener el placer y poder relajarme para mear. …pero al mismo tiempo quería dejarme llevar… fue tan excitante sentir ese tipo de humillación

Jugó con mi cuerpo, teniéndome a su merced a cuatro patas sobre la cama, con el coño húmedo de puta caliente usando los juguetes en mi interior, haciendo que me retorciera de placer…y de dolor al sentir uno de ellos en mi culo. Los gemidos de dolor que se fueron transformando en delicioso y sorprendente placer al sentir mis dos agujeros llenos, húmedos, acogedores, y todo ello unido a sus manos y su dedicación. Dejarme hacer…sentirme usada por él para su placer, pero, generosamente, buscando un hueco para el mío. Me obligó a tocarme mientras él me miraba, como un simple observador, sintiendo como el placer invadía cada rincón de mi cuerpo, al tiempo que veía cómo sacaba la cámara y me fotografiaba en plena acción. No me importaba nada….no había vergüenza en ese momento, ya lo la hay con él.
Moët
  


jueves, 13 de junio de 2013

La Serie Azul


Esa sensación de ponerse un vestido nuevo, corto y fresco…y sentirse sexy y apetecible y desear que Él te vea….esa es la sensación que tuve cuando estrené un vestido azul y zapatos de tacón.  Sensación que me acompañó durante aquel sábado, soleado día de primavera festivo en mi calendario, y que quise repetir en el trabajo al día siguiente. Así se lo hice saber a mi Señor.

Ese día tras la barra hacía muchísimo calor y tuve que quitarme las medias para estar más cómoda. En cuanto hablamos le dije lo que llevaba puesto y no tardó mucho en ordenarme que me quitara, además, la ropa interior y así lo hice. Fui al baño entre cliente y cliente…. me quite las braguitas y volví a ponerme a trabajar…bien fresquita. 

domingo, 9 de junio de 2013

El Regalo

Con el pintalabios rojo empezó a dibujar en mi pecho las palabras “puta” y las iniciales "DC” Me colocó frente al espejo que había detrás de una silla para que me viera bien. – ¿Qué ves? – una puta…-¿una puta cualquiera? – No…tu puta – Fíjate qué cara de zorra tienes…Sabe usar las palabras y no deja de sorprenderme su efecto en mi. Me agarra del pelo fuerte obligándome a mirar.Repentinamente me empuja hacia la silla con tal fuerza que estoy a punto de caer, y..., y a duras penas me apoyo en los reposabrazos.. 

 Estoy inclinada, noto como mi pelo, mi cabeza, roza contra el asiento. Mis piernas estiradas, el culo en pompa. Me siento totalmente expuesta, indefensa y al estar así doblada, la presión del corsé me impide casi respirar. Empieza a tocarme con la mano mi coño húmedo, metiendo sus dedos con fuerza, sin mesura, haciendome estremecer. Entra y sale de mí a su antojo, rodeando mi culo. Siento la untuosidad del lubricante sin dejar de sentirle por todos mis agujeros. Y entonces, percibo que hay algo más que sus dedos, un consolador, es pequeño, se desliza por todos los recovecos, me está molestando, presiento lo que va a pasar, no puedo evitar cierta incomodidad... 

Y entra en mi culo y, tras los primeros instantes de molestias, sale y entra, entra y sale, y agradezco cada penetración….cada caricia sin miramientos. Me voy deslizando, me estremezco y las piernas no me aguantan. Me levanta el culo con violencia y una mano en mi espalda me impide moverme. Sigue jugando conmigo…no sé lo que vendrá a continuación Me tira del pelo bruscamente haciendo que levante la cabeza y me mire en el espejo, viéndome a mí misma en esa postura, victima de sus manos, sucumbiendo al placer, a éste tipo de placer… Está siendo todo tan intenso que no se cuanto tiempo más podré aguantar. 

Me agarra llevándome hasta la otra habitación y me hace liberarme del corsé. Se tumba para darle un masaje. Agradezco este leve y relajante descanso después de la intensidad de todo lo anterior. 

 Tras esos minutos de pausa, me coloca nuevamente el antifaz y me lleva de nuevo a la otra habitación.  ¿Es el cuarto del dolor? No, el cuarto de ese nombre queda para las que, siendo menos afortunadas, tienen que conformarse con fantasear. Yo tengo suerte. Tengo un Domine real y en su casa prepara para mi, lo estoy comprobando esta noche, una Habitación para El Placer.

Doy, a ciegas, unos pasos.No sé lo que me espera…y eso me pone terriblemente nerviosa y excitada, pero confío en él. Entro en la habitación de su mano, intuyo la luz y siento algo caer, un golpe sordo. Me lleva hacia la cama y me sienta en el filo de un somier sin colchón. Con mucho cariño me va colocando en el somier, haciendo que me tumbe en el centro, suavemente, poco a poco voy situándome como él me dice. Sé que a continuación me atará, los nervios me invaden, pero no puedo evitar desearlo y asustarme al mismo tiempo. Le siento caminar alrededor de la cama, me coge una mano atándomela, después la otra, bien estirada. Los tobillos separando bien las piernas, hasta dejarme bien atada, expuesta, disponible, desnuda, indefensa, para él. - ¿Estás bien?- Si…- 

Mis extremidades están sujetas con bridas. Como un animal, como una cosa, como una mercancia dispuesta para ser usada. 

Se me acelera la respiración, es una situación totalmente nueva, no como los jueguecitos de alcoba con mi marido, jugando a atarnos con inocentes pañuelos. Sé que puede hacer lo que quiera conmigo, que no podré moverme ni defenderme, haga lo que haga…..y la mezcla de sensaciones que me invaden es indescriptible. Un ligero olor me dice que ha encendido una vela. Comienza a jugar con ella sobre mi, creo notar el calor, la acerca a mi coño, rozándome con ella, noto algo…¡la ha metido dentro! Y está encendida por el otro extremo…. Recientemente ha sido mi cumpleaños y escucho su voz cantando una canción infantil. Yo soy la tarta. 

Saca la vela de mi sexo húmedo, sigue jugando con ella….y de repente siento una punzada de dolor en el vientre, un calor muy intenso en un punto muy localizada, que va desapareciendo muy poco a poco. De repente, otra punzada en otro lugar, dolor…calma, y otra más….Así varias seguidas, entre la tripa y los pechos, siento el dolor, y como éste desaparece, mas despacio de lo que pensaba. No puedo evitar moverme, intentar huir del dolor, respiro muy rápido, casi boqueando, miles de sensaciones se agolpan a la vez, dolor, calma, alivio, dolor, excitación, y calma de nuevo. 

No oigo nada, no veo nada….solo siento. -Estas bien?- No contesto inmediatamente porque por primera vez no sé si estoy bien. No estoy segura de poder continuar con el mismo juego, no sé si estoy bien, mis dientes castañean y no puedo evitar que mi cuerpo tiemble. Mi cuerpo se ha rebelado a mi alma.

Ante la falta de respuesta comienza a desatarme, yo no era consciente de que llevaba un rato preguntándomelo, sólo lo oí la última vez. Me suelta poco a poco, y siento el alivio en las piernas y los brazos que se me han quedado entumecidos. Con suavidad me sostiene y me ayuda a incorporarme despacio. Me ayuda a juntar de nuevo las piernas, que se me han quedado agarrotadas, a sentarme de nuevo en el borde del somier. Me quita el antifaz, veo las huellas de la cera sobre la piel – Estás bellísima – y siento el orgullo de tenerlas. 

Aún estoy digiriendo las sensaciones cuando me lleva despacio al salón. Es hora de descorchar la botella de la que mi Amo tomó mi nombre. Con ella y unas fresas, desnudos, reposamos, descansamos y charlamos…Estoy muy cómoda, en paz después de la tempestad de sensaciones. Me mira, y sonriendo suavemente me susurra: Ha llegado la hora de tu regalo:



martes, 4 de junio de 2013

La Imposición de mi COLLAR




Hace semanas que trato de completar este post, son tantos los detalles, los momentos que no quiero olvidar, los nervios que regresan al recordarlo…como nerviosa estaba aquella mañana de sábado del mes de abril, mucho más inquieta que las dos mañanas de los días que ya he descrito aquí

“Si todo sale según los planes previstos...
pasaré el día entero y la noche con mi Señor y será el día que me pondrá por fin el Collar que indique que soy de su propiedad” -pensé.

Todo transcurrió, en principio, según lo previsto:viaje relajado en autobús, comida en su casa… y siesta incluida, aunque menos siesta….hay de todo, placer relajado, caricias, besos y magreos, mamadas, sobeteos, jadeos, y orgasmos. Me siento a gusto en su casa, pero al mismo tiempo me siento un poco extraña allí, sin los riesgos de que me vea alguien conocido, y en su territorio, en sus dominios.

Esa tarde-noche, me lleva y presenta a alguno de sus amigos . Me divierte la idea de que nadie sospecha nada, nadie imagina que estoy deseando llegar a su casa para que me ponga el collar y arrodillarme a sus pies. ¡Si ellos supieran!

Nos inventamos una excusa para irnos pronto a casa.

Casi sin tiempo de haber cruzado el umbral de su puerta. Me ordena ponerme el corsé con el tanga a juego, las medias con el liguero, y el pintalabios. Excitación y angustia…todo regresa repentinamente Obedezco sin mediar palabra, y espero inquieta en su habitación a que salga de otra en la que parece que esta preparando algo. Me hace pasar allí. Hay una cama casi en el centro, telas oscuras cubriendo lo que parecen muebles o estanterías, y una suave y calida luz que lo envuelve todo. El sigue con su traje y con un sombrero negro, sentado imponente en una silla.

Me tiende unas sabanas y me ordena hacer la cama. Su voz ha cambiado a un tono serio, dominante y su rictus autoritario me pone nerviosa. Hago la cama con dificultad por la limitación de movimientos que me causa el corsé, pero aún así hace que me sienta excitada sólo por llevarlo, sintiéndome aprisionada y encajada entre sus varillas. Los pechos me desbordan cada vez me inclino para ajustar las sabanas. Aun sigo nerviosa.

Me ordena ir a su lado, arrodillarme a sus pies. Con las rodillas en el suelo, mis manos sobre ellas, le miro. Me hace saber que no deberla ser así, que debería tener la mirada baja, sumisa. Me contraría que me regañe, me hace sentir como una niña pequeña. Me tiene así unos segundos, nerviosa…expectante -¿quieres estar a mi servicio? – si…- ¿quieres ser mi sumisa?- si…- ¿por qué quieres que sea yo tu amo? – porque quiero complacerte…-¿pero por qué yo? ¿podría haber sido cualquiera? – no…- ¿por qué? –

No se qué decirle, no sé qué contestarle, no sé como expresarme y sacar las sensaciones que llevo dentro. Quiero ser su sumisa, servirle, complacerle, hacerle disfrutar, hacer que goce, pero no podría haber sido cualquiera.... Es con él con quien me siento completa, a quien quiero darme del todo, pero cómo explicarle el por qué.

Me quedo callada, muda, no encuentro las palabras. Estoy bloqueada y él lo sabe.

Pasan los minutos. Agacho la cabeza, estoy a la espera de que me diga algo, de que me pregunte, de que me ayude a hablar…pero no lo hace. Sigue esperando. Me amenaza con mandarme a tumbarme a esa cama que acabo de hacer, para quedarme allí hasta el día siguiente, sola….- No, por favor….- Espera…y espera…pero de mis labios no salen las palabras y cuanto más tiempo pasa más me cuesta abrir siquiera la boca. Me duelen las rodillas, me voy agachando lentamente hasta descansar sobre los pies, apoyándome en sus piernas, casi escondiéndome en ellas, necesitada de él…pasan los minutos, y él sigue esperando. Me siento pequeña, no quiero defraudarle pero siento que lo estoy haciendo, y un nudo cada vez mas grande invade mi interior. He entrado en barrena. Siento que en cualquier momento cumplirá su amenaza de mandarme a la cama y en ese momento en el que siento que un tormento íntimo me está devorando, escucho su voz redentora:…..

– quieres que te ponga el collar? – si…
–¿quieres llevarlo como símbolo de tu sumisión? – si…-

Mi voz era casi una súplica, pero si un susurro era mi voz una tormenta tronaba en mi interior cuando, al ponerme el collar. Me sentí completa. Suya, sólo suya. 

Moët