sábado, 18 de mayo de 2013

Reencuentro - continuación

Tras la disgresión que supuso el anterior post en el que mi Señor me obligó a narrar uno de mis encuentros sexuales con mi marido, retomo la serie que inicié bajo el título "Reencuentro" y que había sucedido la mañana de un jueves en un céntico hotel.

La tarde de aquel jueves, y tras haber sido usada por la mañana como ya narré, recibí su visita en el trabajo como un cliente normal. Una visita con final muy especial, esta vez como cliente, como cliente “especial”.

Porque no todos los clientes se quedan a ver cómo recojo, barro, limpio apresurada, nerviosa, pensando en qué tendrá pensado hacer…Me intentaba calmar pensando que estando en el bar, no pasará nada mas allá de unos besos y poco más. Qué equivocada estaba!En cuento pasé junto a él y le dije que ya había terminado de recoger y que sólo me quedaba fregar el suelo, me cogió entre sus brazos besándome con fuerza y me empotró contra la barra, aprisionándome con su cuerpo, haciéndome gemir sólo con los besos y el dolor que sentía en la es
palda.




Casi sin palabras, pero con una sonrisa maliciosa en la cara, me agarró y me llevó a la zona de mesas, desde la que se ve el resto del bar desde una barandilla a cierta altura.
-“Muéstrame cómo te pusiste el otro día” -Día en el que durante una llamada suya terminé tumbada sobre una mesa pequeña, siguiendo sus instrucciones, con los pies sobre la balustrada, las piernas dobladas y bien separadas, y tumbada en la mesa, con la cabeza colgando hacia atrás.Así lo hice.
- “Vamos, quiero ver cómo te pusiste y cómo te tocabas” -insistió. Me coloqué titubeante, mientras no me quitaba los ojos de encima. Y allí estaba tumbada, con los pies en el pretil de madera y la cabeza fuera de la mesa, colgando.


Se acercó a mí, me desabrochó casi del todo la blusa roja, y después de estrujar mis pechos con fuerza, con mucha fuerza, los sacó del sujetador y me estrujó los pezones con una fuerza, que no había usado hasta ahora, tal que me hizo soltar un pequeño grito. Seguidamente los calmó mojándolos con mimo, haciendo que sintiera un alivio casi inmediato. Y seguido…tortazos en los pechos. Estaba un poco impactada con esa violencia repentina, pero al mismo tiempo muy excitada en esa posición en la que me sentía tan expuesta, y tan disponible para él.





Me ordenó desabrocharme los pantalones dejando camino libre a mi coño para que pudiera tocarme yo misma, y así me lo pidió. De repente me vi con la cara oprimida contra su paquete, restregada por su polla y sus huevos, sin poder moverme, sin poder retirarme, atrapada como estaba. “abre la boca, zorra” , lo hice y de pronto tenía la boca colmada con su polla, con sus vaivenes violentos. Follada en la boca, como sabía que me gustaba estar mientras no paraba de tocarme y excitarme más y más. Sus huevos me seguían tapando el resto de la cara y con su movimiento, me golpean una y otra vez, me sentí tan usada…tan puta….que no podía creerlo… me encantaba la sensación. Y más al sentir que a él le complacía tanto. Seguía concentrada en hacerle disfrutar más, estando como estaba siendo literalmente usada por él como si mi boca un orificio más se tratara. Hubo un momento en que sus movimientos fueron mas suaves, menos intensos y apenas se separaba de mi boca, quedando mi nariz totalmente tapada por sus huevo, impidiéndome tomar aire. Me asfixiaba, mi vida era suya. y eso me ponía a mil




Si, estaba excitadísima y aunque intentaba boquear para tomar aire, me era imposible. Esperaba que se retirara un momento para hacerlo, pero no lo hacía y seguía teniendo la boca y la nariz totalmente tapadas. Empecé entonces angustiarme con cada segundo que pasaba. No creía que él se estuviera dando cuenta de que no podía tomar aire, y en ese caso pensé en que tampoco habría forma de hacérselo saber. Angustia, miedo…excitación. Los gemidos y movimientos que hacía serían interpretados como los típicos producto del goce y el placer de otros momentos….Realmente empecé a asustarme pensando en lo que podría suceder…


Cuando ya no podía más se retiró de mi boca y sujetándome me incorporó acercándose a mi cara, besándome, preguntándome si estaba bien. Resoplaba y tomaba aire. –estás bien? – No podía hablar, solo respirar y respirar, recuperar el aliento, sin rebajar la excitación que sentía. Qué contradictorio, seguía terriblemente y dolorosamente excitada.


Me incorporó sobre la mesa, me hizo darme la vuelta, sentada frente a él, que estaba en una silla, meneándosela. Seguía con la camisa abierta y caída por los hombros, los pechos al aire, y la melena sobre los ojos, despeinada, salvaje. Veía su mirada excitada, que no se despegaba de mí, sin parar de tocarse. – Te gusta ver cómo me la meneo para ti, puta? – Sí….- Ven aquí puta…todo era de una vulgaridad no imaginada en él...y sin embargo esa situación en la que yo era el alma y cuerpo más arrastrado es inenarrablemente placentera.


Bajé de la mesa, y me arrodillé frente a él, ante su polla que no dejaba de frotar, la envolví con la boca, estaba deseando recibir su leche en mí, la prueba de placer máximo. Seguía tocándome y crecía más y más el éxtasis en mi interior. Lo aguataba, sabiendo que debía esperar a mi Señor, que debía contenerme para él pero al mismo tiempo, me resultaba muy difícil.


En cuanto sentí el chorro de leche en mi garganta…me dejé ir y me rompí por dentro…


Relamí su polla dejándola bien limpia, calmada, y relajada, como yo misma me sentía ya. Aún recuerdo sus palabras sobre ese momento de la mesa ….”tenías que haberte visto sobre la mesa, salvaje, parecías una diosa…estabas increíble”


Nos recompusimos…y más tarde nos despedimos en la puerta de su hotel. El día siguiente sería totalmente distinto, pero yo entonces no lo sabía...



Moët.

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