miércoles, 22 de mayo de 2013

Obedecer y servir

Casi como el día anterior, pero algo más temprano, repetí el ritual de la preparación, ducha, depilación, ropa interior bonita, pelo, maquillaje…y más nervios. A la hora acordada, llegué al hotel y pasé directamente a los ascensores, de nuevo con la misma sensación, como una puta que sube a ver a un cliente.

Me recibió con un beso y un halago, y después de tomar un café y tener una charla relajada, subimos a la habitación. Allí me pidió que sacara todas las cosas que me había pedido que llevara, las dispuse sobre la cama. Me ordenó quedar vestida únicamente con el tanga que va a juego con el corsé, los zapatos de tacón negros y ponerme el pintalabios rojo –como la puta que era-

Estaba inquieta porque no sabía qué acabaríamos usando, por no saber que es lo que tenía pensado hacer durante las horas que teníamos por delante. En ese momento, ignoraba por completo que la sesión acabaría siendo educativa y formativa.


El, sentado en una silla junto al tocador, me miraba serio, observador, como si de un desfile de modelos se tratara, y estuviera admirando las prendas…analizando cada uno de mis movimientos. Ahora de rodillas, quiero que vengas a cuatro patas, como lo perra que eres. Y así lo hice, a cuatro patas, deslizando las manos por la moqueta para colocarlas felinamente delante de mi y acompasando mis caderas con cada moviendo.  Perdí la cuenta de las veces que repetí ese corto recorrido entre la puerta y él. 
 Aliviada cada vez que llegaba a su lado….defraudada cada vez que me mandaba volver a repetirlo. Unas veces moviendo más las caderas, unas veces colocando mejor los pies, otras más despacio, hasta conseguir ser más felina, mas gata…más puta…pero con clase, provocadora…. Según iba caminando una y otra vez, se iba disipando mi vergüenza y mi timidez transformándose en un poco más de confianza, a la vez que iba tomando más conciencia de lo que él quería que hiciera y siendo más consciente de cada uno de mis movimientos y de lo que iba provocando en él. Me resultaba difícil por sentirme tan analizada, tan a prueba….pero creo que conseguí caminar como él quería, seductora, y sensual como una puta con clase. 
 Me hizo verme en el espejo, admirarme detenidamente y cogiendo la barra de labios, comenzó a dibujar sobre mi pecho. No podía dejar de mirar cómo lo hacia, concienzudamente, nerviosa, excitada, a partes iguales. Al terminar, me puso, nuevamente, frente al espejo. Sobre mi pecho se leían las palabras “puta” “m.c.” Marcada para él, – Y ahora…quiero que camines hasta aquí desde la puerta.


Ahora- dijo mientras me tendía y me ajustaba un antifaz negro – quiero que repitas la foto del otro día-. La foto del día que estrené los zapatos negros de tacón, en el que por la noche y antes de acostarme me ordenó hacerme una foto sólo con los zapatos. – Yo iré a darme una ducha, pero quiero que estés atenta y vengas rápidamente cuando te llame- Durante unos minutos jugué con la cámara de fotos en la cama, divirtiéndome un rato…hasta que oí con voz firme – Moët! Dí un brinco, me quité el antifaz y fui al baño a servirle. Le enjaboné la espalda tal y como me ordenó, cariñosamente, le sequé con esmero, sin dejar ni una zona de piel mojada. Al secarle los pies de rodillas, no pude evitar mirar su polla a la altura de mis ojos, mojada y reposada, la besé suavemente, rodeándola con los labios, y humedeciéndola como si de un caramelo se tratara.

Se sentó cómodamente para que le afeitara. De fondo, música que me hacia sentir como una auténtica cortesana de época atendiendo al Señor del castillo, desnuda, aplicada y concentrada en su tarea,…y…excitada. Deslizando la espuma por su rostro, pasando la cuchilla con cuidado y atención. Era algo novedoso servirle de esta manera, sin dudar al recibir cada orden, dispuesta a hacer lo que me mandara, era muy excitante.
Y así pasaron las horas, al igual que otros días había dado pasos aprendiendo a ser usada y complacer, ese viernes aprendí a entregarme a su cuidado personal, a obeder y servir.
Moët

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