sábado, 21 de diciembre de 2013

Sensaciones indescriptibles


Me acabo de correr. Mi coño está sucio. En él una extraña mezcla de mis flujos con mermelada. Me he acariciado hasta irme en un entorno de suciedad que mi Dueño ha creado premeditadamente para humillarme. Me recupero lentamente y cierto remordimiento parece asomar en mi cuando….me agarra del pelo hacia arriba, levantándome, haciéndome daño, sin darme tiempo a sujetarme, y casi izándome, y me lleva casi a rastras al baño.

– Te ha gustado perrita? Has disfrutado de tu condición de guarra esclava del placer….porque ahora lo vas a hacer en el suelo del baño. Como una auténtica guarra.

Nuevamente me tumba. Otra vez, un suelo sucio. Las piernas abiertas, tocándome como me ha ordenado. Empieza a decirme cosas del tipo:

- has visto lo que estás haciendo perra? Tocándote en el suelo del baño, como una auténtico animal en celo al que solo le importa el placer…eres una esclava de tus pasiones y esas pasiones están en mis manos.

-Muevo las cuerdas de tu voluntad….y si ahora te vieran las demás mamás del parque…qué pensarían eh? Te lo voy a decir…Que eres una guarra….

Continúa, sabe manejar las palabras…palabras que acaban perforándome y tocan por un instante algo profundo que hace que me pare al instante. Toda la excitación que había ido teniendo hasta ahora desaparece al decirme algo así. Estoy al borde del llanto y él se da cuenta.  Ahora yo estoy pensando que no tenía intención de ir tan lejos…se calla. Está de pie, mirándome desde arriba, inclinado sobre mí, se inclina lentamente, acercándose más y más a mi cara, y susurra…

 - ¿Qué pasa perrita? ¿ No quieres tocarte?
– No…- suplico. Creo que voy a quebrarme y Él responde fríamente y sin perder la compostura:
- Pues ahora te vas a tocar, aunque no quieras, porque yo lo digo! Y te vas a correr me oyes?

Le estoy mirando a la cara, siento rabia, casi enfado, creo que nunca antes le había visto hablarme así, con esa cara tan autoritaria y dominante, pero me hace activarse un clic dentro de mí y empezar a excitarme en cuestión de segundos. Empiezo a tocarme de nuevo, él pasa a colocarse de pie entre mis piernas, mirándome desde arriba.  De nuevo, como un rato antes, me dice que cierre los ojos y me olvide de todo…y así lo hago.

No entiendo muy bien por qué me hace repetir algo que me ha hecho hacer unos minutos antes en el suelo de la cocina. Intuyo su intención y mientras me acaricio excitándome, rezo para mis adentros deseando estar en lo cierto…estoy empapada….quiero tener razón. Sigo concentrada en el placer, en ir más y más allá, todo está en silencio y ya no sé dónde estoy. Solo sé que estoy casi a punto.

 Con la mano en el clítoris, las piernas bien abiertas y dobladas, la espalda arqueada sobre el suelo, y la cabeza echada hacia atrás, de repente….si, he acertado. Es lo que yo imaginaba, deseaba, que iba a pasar….su lluvia dorada sobre mí, y al notarlo, mi cuerpo responde y estallo en el primer orgasmo.

Siento el chorro  sobre mi vientre, pero enseguida va ascendiendo hasta mis pechos, caliente… mi cuello…Cuando el maravilloso orgasmo se va disipando, sigo tocándome, ansiando más….frotándome….sin dejar de sentir su chorro que sube hasta mi cuello, salpicando mi barbilla. Me siento caliente y mojada, y con la mano que estaba tocando mi pecho desciendo para restregar su orina por mi vientre, frotándome con ella y estallo en un segundo e increíble y brutal orgasmo.


Queridos lectores que ya tantos días me acompañáis, no puedo describir las sensaciones de aquel momento. De igual manera que no hay palabras para describir el cariño con el que me levantó del suelo y, lentamente, me metió en la ducha para lavarme con mimo con el jabón digno de una reina.

Besos,
Moët

viernes, 13 de diciembre de 2013

Exhibicionismo

Como ya he comentado alguna vez, desde que estoy al servicio de mi Señor, le he cogido el gusto a esto de escribir y compartir mis experiencias vividas con mi Amo, y cada una de las sensaciones que voy viviendo como sumisa. 


Y para ilustrar lo que escribo, qué mejor que incluir fotos. Pero no cualquier foto…ya que todo lo que cuento son experiencias reales, pensé que lo mejor sería usar fotos reales mías. Y a pesar de mi timidez, para mi propia sorpresa, he descubierto mi lado exhibicionista.


Hay muchos momentos, en el trabajo, al sentir lejos y ausente a mi Señor, que siento un impulso que me hace dejar de hacer lo que estoy haciendo e ir al servicio y sacarme alguna foto para mandársela, para que disfrute de mí en la distancia, para que sepa que tiene a su perrita caliente, deseándole.


Me excita fotografiarme y me excita mandarle esas fotos, como su zorra traviesa y juguetona. Sé que las verá en cualquier momento durante su jornada. E imagino su cara al recibir una de estas fotos imprevistas…


Porque además no lo hago en cualquier sitio. Sino en el servicio del bar donde trabajo. Lo que no imagina ninguno de mis clientes. Nadie sabe que quizás cuando me ven salir del baño y servirles un café, un minuto antes he estado sacando fotos como las que aquí os muestro. Y que mientras hago el café, en mi interior estoy a mil, caliente y húmeda, deseando elegir la foto adecuada, para, con la excusa de enseñarle mis braguitas nuevas, sorprenderle con fotos asi:



Precisamente sobre el Exhibicionismo se hablaba el otro día en un interesante debate en El Palacio del Bdsm, una web  para amantes del bdsm que os recomiendo.  Esta faceta mía, me sorprende a mí misma. Aún recuerdo el nerviosismo al publicar aquellas primeras fotos de la Serie RojaEl hecho de saber que mucha gente desconocida ve mis fotos, que gusten más o menos… saber que hay personas que se excitan con ellas, que las disfrutan…me produce una excitación y un placer especial.


Como me decía ayer mismo mi Señor….

“eres una zorra y te encanta saber que otros se pajeen con tus fotos verdad?”

Mi sonrisa traviesa fue mi respuesta.


Besos Moët

domingo, 8 de diciembre de 2013

Jamás lo imaginé: la humillación me lleva al orgasmo

De nuevo visité su ciudad por un tema oficialmente de trabajo. En cuanto estuvimos a solas en el ascensor nos fundimos en apasionados besos, ansiosos, tocándonos, saboreándonos.

Llegue a su casa y empezó a llevarme de una habitación a otra…”¿Qué encuentras fuera de lugar?” al principio solo su tono autoritario, poco a poco la situación fue violentándose. Yo no sabía que contestar. De una habitación a otra, Él desprendía una violencia ascendente. Yo desconcertada. Siempre la misma pregunta. Yo sin respuesta.

– Mira bien…no se te dan tan bien los jeroglíficos? Pues dime…que es lo que está fuera de lugar? –

Empecé a ponerme nerviosa….todo estaba pulcro y ordenado.

- Así que no sabes…quítate la camiseta.-  Lo hice y me llevó al baño. –Y aquí, ¿qué ves fuera de lugar? - No se….el suelo está un poco sucio..- dije en voz baja.
- Quítate los pantalones.-  Así lo hice.

Estaba empezando a ponerme muy nerviosa pues no conseguía averiguar de qué iba el juego. Qué era eso que yo debería ver…Me llevó a su dormitorio, y de nuevo lo mismo. Me preguntó, y yo no supe qué decir y me hizo quitarme el sujetador. Me estaba empezando a bloquear, no sabía qué hacer y ya no sabía qué contestar, me sentía muy estúpida…y ya la última vez, con la pregunta, me ordenó quitarme las braguitas.

Ahí estaba yo, 20 minutos después de llegar, desnuda en medio del pasillo, y sin saber qué hacer. Me miró muy serio y agarrándome del pelo llevándome de nuevo a la cocina me dijo
–¿no ves que está todo a medias…? ¿Qué las tareas domésticas están a media hacer? Y me llevaba de un lugar a otro explicando y mostrándomelo…me llevaba del pelo, violentamente…me hacía daño, tiraba de mi y me hacía trastabillar. Me llevó bruscamente al baño, tirando de mi pelo, zarandeándome

– ¿No ves que esta todo limpio menos el suelo? – Sí…- Eso es porque estoy esperando que venga mi perra a limpiarlo sabes?

De nuevo en el salón y después de ordenarme recoger algunas cosas mientras me miraba sentado cómodamente en el sofá terminé arrodillada chupándole los huevos a una orden suya. Por un lado…por otro, succionando y lamiendo, más fuerte, más suave, jugando con su polla. Cuando ya se cansó me hizo seguir recogiendo hasta que me llevó a la cama. Me tocaba recibir mi castigo por mi falta de audacia…

Con muchos nervios me pongo sobre sus rodillas.
      ¿Cuantos azotes crees que mereces? –

¿Cuántos debería decirle? Si digo pocos…quizás le parezca mal. Si digo demasiados…peor para mí…
-      5?
-      ¿Qué tal 10?
-      Muy bien… -

Y comienza con el castigo, recordándome que debo darle las gracias por cada uno de los azotes. Verme en esta situación, sobre sus rodillas se me hace tan humillante que tiene un efecto sorprendentemente excitante sobre mí.

Comienza a azotarme. Los “gracias Señor” escapan como suspiros con cada sacudida en mi trasero, aguantando, sintiendo cómo el dolor va aumentando a cada azote. Sigue con el siguiente, aguanto, uno más, “gracias Señor”, otro en el otro lado, aguanto… “gracias Señor”…. cada vez duelen más, pero aguanto y me encanta hacerlo, aguantar el dolor que recibo y gozar con él. Me noto empapada, y ardiendo…

Cuando llegamos al 10 el dolor es casi insoportable pero  siento en parte alivio, y en parte orgullo por haberlos soportado incluso cuando más me dolía, sin embargo de repente cuando se supone que ya ha terminado me castiga con una ráfaga de azotes muy seguidos y más fuertes que ningún otro que haya recibido antes, sin darme tiempo a respirar, a dar las gracias, a soportarlo, me muevo, me retuerzo, ya no los soporto e intento escapar de él, gimo y casi grito, es demasiado …hasta que para. Respiro agitada, intentando recuperarme.

El trasero me palpita literalmente….

Pero al mismo tiempo, junto al dolor que no termina de irse…me siento muy caliente, y mojada, como así comprueba por sí mismo.
– Eres una auténtica zorra que te encanta que te azoten eh? –

Cuando he conseguido recuperarme, me pone de pie y se va a por algo. Vuelve con un par de espejos de mano. Los coloca de forma que pueda verme el trasero.
Lo veo
-      Oh. – Me sorprendo al verme el culo. Está muy rojo.
¡Qué visión tan maravillosa! Me encanta ver sus efectos en mi piel.

Termino de nuevo de rodillas ante Él, Me encanta darle placer con mi boca, sentir como responde a mi lengua, hincharse en mi boca, relamer hasta la última gota. Sentir los movimientos de sus caderas metiéndome la polla hasta el fondo de la boca, tenerla completamente llena, casi ahogándome, sintiendo las caricias en mis labios, en el clítoris, en todo mi coño, teniéndole en mi boca. Me maravilla.

Estoy ardiendo, me siento necesitada del orgasmo… no aguanto más. Me mira,
-      que pasa perrita? Estás caliente? Quieres correrte?
      Si…- casi rogando.

Me agarra del pelo y me lleva sujeta obligándome a caminar tras él hasta la cocina. Allí me sube a la mesa que está pegada a la pared, sentada con las piernas bien abiertas
      Te voy a enseñar la mermelada de la que te hablé el otro día

Saca de la nevera un delicado tarro de una confitura de olor delicioso, mete los dedos en el tarro sacando una buena cantidad y los unta en mi coño, frotándome generosamente, arriba y abajo, metiendo dentro los dedos, sacándolos, volviéndolos a meter, volviéndome loca de placer, sin poder hacer nada por evitar que haga lo que quiera con mi cuerpo, deseando que me permita correrme de una vez. Me concentro en el placer, me apoyo en la pared, echando la cabeza hacia atrás. Para, me deja así, en ese estado….se aleja en la cocina, y señalándome el consolador que hay sobre otra mesa me dice

- ves el consolador? Quieres correrte?- me desconcierta.
– Sí..Quiero correrme….puedo?
–coge el consolador…?

Dudo…parece una de sus trampas…no me ha dado permiso para correrme realmente….o si? No sé que hacer…así que no hago nada, le miro y espero

Viene hacia mi, me coge del pelo violentamente, y me hace tumbarme bruscamente en el suelo de la cocina, casi tirándome.

- No querías correrte? no estabas tan caliente?
- Pues venga….vas a correrte aquí, en el suelo de la cocina, como una guarra, porque eso es lo que eres no? Una guarra que se corre en el suelo…

Me ordena tumbarme en el suelo de la cocina, ese suelo que al entrar en la casa, y que como pude darme cuenta al revelarme él la verdad de su juego estaba sin barrer, sucio

- Vamos, túmbate, y tócate, como la auténtica guarra que eres-

Y así lo hago, está helado, y el frío del suelo contrasta con el calor de mi cuerpo. Se me pone la piel de gallina al apoyar toda la espalda en el azulejo helado, y aunque de repente parecía que la excitación se había ido….vuelve de golpe al verme en esa situación tan humillante, tocándome y excitándome en el suelo de la cocina. Así me lo recalca…y eso hace que me excite más aún. Sigo frotándome, pero me cuesta….no es mi postura, no es la posición adecuada…

- cierra los ojos, olvídate de todo, y córrete –


Y así lo hago, cierro los ojos, y sintiendo su presencia sobre mí, mirándome, pero sin verle…termino con un necesitado y ansiado orgasmo en el suelo de la cocina.

Continuará.....

Besos, Moët

martes, 3 de diciembre de 2013

Labios Rojos

Que tu Amo y Señor te ordene comprar un labial ROJO...

 para usarlo en las sesiones....

que jamás te atreverías a llevar en público...

y que al final le cojas el gustillo al color

y lo acabes usando en el trabajo.

Moët

sábado, 30 de noviembre de 2013

Cera

...continuación de Bocado:

Me coloca cerca, apoyando la espalda contra la estructura, y comienza a atarme con bridas. Primero una mano, en una de las esquinas, en diagonal sobre mi.  Siento la presión de la brida en la muñeca. Me ata ahora la otra mano. Siento de nuevo la presión, cómo se incrusta en mi piel y por unos instantes tengo miedo. Pero esa sensación se disipa cuando después de preguntarme si me duele, me recuerda las palabras de seguridad y me avisa que tiene las tijeras a mano por si hiciera falta desatarme rápido. Nuevamente su control de la situación me alivia y, al mismo tiempo, me pone más nerviosa. ¿Qué me podría hacer que provocara que me tuviera que soltar con urgencia? Prefiero no pensarlo y centrarme en las sensaciones.


Continúa atándome las piernas. “separa las piernas” lo hago. “más…un poco más” le obedezco “así…bien, ahora, quieta”

Ya estoy totalmente atada, formando una x ante Él, de nuevo, disponible para ser usada, para ser su juguete, su mascota, su objeto de placer. A su merced y dispuesta para lo que Él quiera. Me recoloca el bocado y se da cuenta de que la lengua ya no la tengo pellizcada por los palos. Con tantas babas se me había ido resbalando, y yo la había sacado un poco para aliviar el dolor.

“vaya…haciendo trampas perra….” Dice muy serio.“no…se me salió” intento decir.
  

Me la vuelve a colocar, pero esta vez siento un dolor mucho más intenso en la lengua dolorida. Gimo de dolor, aguanto…y siento su mano en mi coño comprobando mi excitación. Siento mi propia humedad, juega conmigo, me toca a su antojo. Estruja mis pechos por dentro del corsé, tortura mis pezones. Gimo y expreso cada sensación.

Se separa de mí, no escucho nada. Estoy expectante…”separa las piernas más” lo hago…y escucho un “click” y luego otro. Me está fotografiando. Cómo me excita sentirme retratada así. Tener imágenes que puedan acompañar los recuerdos de estas sesiones.

De nuevo siento que está preparando algo. Intuyo una luz por la rendija de la parte inferior del antifaz. La vela….uff…me pone muy nerviosa pensar en el dolor que me pueda provocar. La lengua, que me duele cada vez más, se ha ido escapando del bocado, babeo…Ahora ya me duele la mandíbula al completo por la postura que me obliga a tener, como una auténtica yegua. Estoy a la espera de lo que pueda sentir. Me abre la cremallera del corsé casi por completo, haciendo que mis pechos se derramen de golpe. Estoy para Él.


Siento un halo de calor cerca. Debe ser la llama de la vela. De repente, siento una punzada de dolor en mi pecho. Contengo la respiración, me tenso, aguanto, y respiro. De nuevo otra vez. Duele más….gimo y aguanto. Zás! Otra….y otra…..y otra….Gimo, y resoplo, mi respiración se acelera. Siento toda una lluvia de cera sobre mis pechos. Todo me arde, me imagino llena de cera. “ahhh…” “buff…” casi no puedo más….no sé cuánto tiempo pasa, estoy en un limbo de dolor y placer, ausente del mundo….y de repente… cesa.

“lo has hecho muy bien, estoy muy orgulloso de ti”

Me quita el antifaz,“mírate”. Bajo la vista y veo mi pecho, las gotas de cera….es impactante; “Estás preciosa”, comienza a desatarme. Vuelvo poco a poco al presente, miro alrededor, me miro, le miro. Serio me va soltando poco a poco. Me acaricia con cariño. Me coge entre sus brazos. Y allí me refugio.


Moët.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Bocado

Después de la intensa mañana que relaté aquí, aún faltaba rematar el día. Fuimos a cenar con unos amigos y esto incluyó una pequeña travesura. Acabé cenando por orden suya, sólo con mi vestidito, y debajo, después de una escapada a los servicios, solo las medias y el liguero. Sin bragas. Me excitó tanto sentirme tan disponible… Me sentí como una niña traviesa y tuve una cena de lo más húmeda.

Ya en casa me ordena prepararme con el corsé que compré aquel día de los jueguecitos en el probador, y el collar. Una vez lista y preparada para Él, me coloca el antifaz ciego. Ya sin visión, siento que me pone algo en la cabeza, como unas cintas o un arnés sujetando algo.
-“Abre la boca….así” 

Me ordena. Siento que coloca algo entre los dientes, como unos palos, que me oprimen, como si fuera una mordaza. Debe ser un tipo de bocado, pensé, como los de los caballos. La postura me hace morderlos, y dejar la boca entreabierta, e impide que mueva la lengua. Es algo totalmente nuevo, y la sensación es completamente desconocida para mí. Me siento como un animal… Puedo emitir sonidos, e intentar hablar, pero apenas puedo mover la lengua para vocalizar.

-“Estás preciosa….” Agarrándome me lleva a la otra habitación. No sé lo que tendrá preparado, y estoy muy nerviosa por esa incertidumbre. Por no saber lo que me hará y si seré capaz de soportarlo y estar a la altura. Me coloca en el centro de la estancia y me da varias vueltas. Totalmente desorientada, sin ver nada, y casi sin poder emitir sonidos, estoy totalmente en sus manos. A su merced….y no hay nada que desee más.

Me coloca las manos en la espalda y siento que me las ata con unas bridas que se me clavan en la piel. Intento no ponerme nerviosa…me excita… Me mueve hacia adelante, me coloca donde él quiere, y me hace inclinarme, colocándome sobre algo, una especie de estructura, no sé lo que es. La incertidumbre me invade. Pero antes de que me dé tiempo a pensarlo El empieza a jugar con mi culo. Gimo, me duele por momentos, en otros me gusta. Está siendo brusco y siento cómo mi cuerpo va cediendo a sus dedos implacables que me invaden. No puedo hacer nada más que aguantar el dolor….disfrutar el placer, jadear, sentir, respirar…durante el tiempo que quiere usarme.

Pasa a colocarme inclinada hacia adelante sobre el respaldo de una butaca. Sigo con las manos atadas a la espalda, y el bocado en la boca. Con el culo en pompa, disponible y totalmente accesible. En ese instante me recuerda las palabras de seguridad, y al no poder apenas hablar, me indica cómo avisarle cerrando mis puños. Él siempre vela por mi seguridad pero no puedo dejar de estremecerme con sólo imaginar la posibilidad de ver necesario usar este método.

Empieza a trabajar con mi trasero como antes, brusco y sin miramientos.

-“Esto te gusta eh perra?” gimo “que juegue con tu culo? “ Noto que ya no usa sus dedos, sino uno de mis pequeños consoladores. Me penetra con él, sin miramientos. Gimo, jadeo….Dentro, fuera, sin suavidad, casi con violencia. El dolor me azota casi con la misma intensidad que el placer. Me deje llevar por todas las sensaciones, gimiendo, respirando, jadeando….y babeando. Apenas podía tragar mi propia saliva al tener el bocado. Yo sentía como eso parecía encantarle.
-“Qué pasa perrita, estás babeando?” gimo como respuesta, e intento sorber mis babas.

La saliva me resbalaba ya por la barbilla, pero me da igual, solo podía seguir soportando sus embistes en mi cuerpo. Estaba rozando mi límite, las piernas apenas me aguantaban en esa postura, sentía que cedían…no podía más.

De pronto sentí tal latigazo de dolor que a punto estuve de irme al suelo de golpe. Sentí como si me rompiera, un estallido de dolor muy intenso y solté un grito de dolor insoportable. Rápidamente me agarró entre sus brazos, intentando calmarme con su voz y sus caricias. La respiración me iba a mil, el dolor no desaparecía, no se iba…y no podía hacer nada…solo aguantar. Me soltó las manos, y me llevó entre sus brazos haciendo que me sentara a horcajadas cobre una de sus piernas, apoyándome en su pecho

El dolor no terminaba de irse e impedía que me calmara, pero poco a poco, con sus caricias y sus palabras lo fue aliviando.

-“shhh…tranquila”  “Frótate sobre mi pierna. Busca el placer” Era lo último en lo que pensaba, en el placer, sintiendo ese dolor aún. Pero le obedecí, empecé a moverme, a frotarme suavemente,  y me sorprendí al sentir tan rápido aparecer el placer. El placer se convirtió en mi calmante.

-“Eso es perrita,…busca, busca…el placer”  Me movía y me excitaba cada vez más y más, llevándome a las sensaciones de unos momentos antes. Ya estaba de nuevo lista para seguir siendo usada….cogió el bocado de nuevo…para ponérmelo como el animal que era…pero esta vez…
-“saca la lengua” Así lo hice. “ más, del todo, vamos!” la saco, temblorosa y siento como me coloca de nuevo el bocado colocando mi lengua entre los dos palos. Al instante siento la presión y el dolor. Mi respiración se acelera como respuesta a esas sensaciones. Pero mi mente lo procesa transformándolo en un enrevesado estado de excitación. Me duele, mucho. Y aguanto.

“Así…perfecto…estás tan guapa así…” Hago esfuerzos por soportarlo y por respirar por la nariz. No puedo evitar que la boca se llene de saliva que intento tragar con dificultad…


Me coloca de nuevo el antifaz y me coloca junto a la pared. A mi espalda intuyo las láminas de un somier desnudo, como aquella vez pero colocado de pie. Parece que esto no ha terminado….

Besos, Moët

martes, 29 de octubre de 2013

Mi nuevo collar

Una mañana de tiendas…no recuerdo bien qué había comprado, alguna camiseta quizás….Pero fue al pasar por la zona de bisutería cuando lo vi. 

El collar, ese collar. Una simple cadena en color plata,  ideal para usarlo como mi collar de sumisa. Y no lo dude. Lo cogí, pagué y me fui como una niña con zapatos nuevos.





Ya en casa, me hice unas fotos  para enseñárselo a mi Señor y se las mandé.
-solo contarte que  estuve comprando unas cositas cuando dando una vuelta por la sección de accesorios de mujer vi este collar. Fue verlo y pensar en mi correa, que está en tu casa y en mi collar. Lo compré. Este puedo llevarlo por la calle sin llamar la atención  que te parece, mi Señor?
- Ya te imagino sólo vestida con él y tus zapatos


Me encanta poder llevarlo en el día a día, llevarlo por la calle…  Lucirlo en el trabajo con una simple camiseta lisa, escotada, y que resalte tanto que reciba halagos por el collar tan bonito que llevo. Más me encanta sentir su significado por ser el collar que mostraría, al que lo supiera, que soy la perra de mi Señor, que estoy dispuesta a hacer lo que me pida, lo que me ordene. Que deseo ponerme a sus pies con devoción, dejarme hacer, y  cumplir sus órdenes, siendo como él desea, su puta privada, su zorra.  Y ese es el encanto que tiene llevarlo, saber que nadie de los que me lo ven puesto imaginan que tiene esas connotaciones….solo Él, y yo.

Y ahora…vosotros también.

Moët

lunes, 21 de octubre de 2013

Una lectura muy vibrante

Han pasado varios días desde que comencé el relato de aquella sesión que comenzó con frutos rojos y hielos aqui, a la que según mi Amo, le seguiría una tortura histórico-cultura, con una lectura muy interesante, de la que al final descubriréis el título, y que aquí os relato, espero que la disfrutéis.

Él se dirige a mi:

"Coge el consolador que tenga más vibración, el pequeño quizás, ves el atril? Quiero que leas en voz alta”.

Desnuda, con las piernas separadas, me sitúo frente al atril donde hay colocado un libro abierto,  junto a la cama, con él sentado en ella, y el consolador en la mano. Comienzo a leer en voz alta:

Él está sentado ante ella que está de pie. Ella baja los ojos. El coge su vestido por lo bajo, se lo quita. Luego hace deslizar el slip de niña de algodón blanco. Tira el vestido y el slip encima del sillón. Le quita las manos del cuerpo, lo mira. La mira. Ella, no. Ella tiene los ojos bajos, le deja de mirar.El se levanta. Ella sigue de pie ante él. El vuelve a sentarse. Acaricia aunque apenas el cuerpo todavía delgado. Los pechos de la niña, el vientre. Cierra los ojos como un ciego. Se detiene. Quita la manos. Abre los ojos. Bajito dice:-No tienes dieciséis año. NO es verdad.Ninguna respuesta de la niña. Dece: Es un poco temible. No espera respuesta. Sonríe y llora. Y ella, ella le mira y piensa –con una sonrisa que llora- que tal vez se pondrá a quererle toda la vida…

Él comienza a tocar mi sexo con sus dedos. Primero con la mano…luego continúa con el consolador en modo vibración. Lo desliza por mis labios, untándolo en mi humedad, y en mis jugos, haciendo que se cuele entre mis pliegues.

Leo en voz alta, clara y firme por el momento, concentrada:

…Con una especie de temor, como si ella fuera frágil, y también con una brutalidad contenida, él se la lleva y la deposita en la cama. Una vez que ella está allí, depositada, entregada…

Sigue jugando conmigo, siento cómo la vibración alcanza mi clítoris. Todo mi interior se contrae y un gemido escapa de mis labios impidiéndome seguir leyendo.
– Lee! –me ordena y para de tocarme. 

Continúo leyendo concentrándome en hacerlo bien:
Él la mira una vez más y el miedo vuelvo a apoderarse de él. Cierra los ojos, calla, ya no quiere saber de ella. Es entonces cuando ella lo hace, ella. Con los ojos cerrados, ella lo desnuda. Botón tras botón, manga tras manga…
 Leo, trato de hacerlo bien, lo trato de veras, pero no puedo, no puedo prestar demasiada atención a lo que leo en realidad. Sigue jugando con mi coño empapado y de pronto siento el consolador dentro de mi, sobrecogiéndome. Intento obedecerle y sigo leyendo:

El no la ayuda. No se mueve. Cierra los ojos como ella.
La niña. Esta sola en la imagen, mira, el desnudo del cupero de él tan desconocido como el de un rostro, tan singular, adorable, como el de su mano sobre su cuerpo durante el viaje. Ella le mira una y otra vez, y él se deja, se deja mirar…

Pero de repente, el placer es tan intenso que no me sale la voz y gimo.
- Lee! – de nuevo para de tocarme hasta que continuo con la lectura:

-Es bonito un hombre chino.Lo besa. Ya no está sola en la imagen. El está allí. A su lado. Con los ojos cerrados ella le besa.

Sigo leyendo, disfrutando con el placer de sus caricias y de los vaivenes del consolador dentro de mí, pero al mismo tiempo soportando la tortura de controlar mis gemidos, mi respiración, mi voz para poder leer para él.
De nuevo siento un latigazo de placer que me hace encogerme. Es algo incontrolable. Tengo el clítoris hipersensible al sentir las vibraciones en él.
-      Lee! – ordena con voz firme parándose al instante.

…Las manos, las toma, las apoya en su propio rostro. Sus manos, las del viaje. Ella las toma y las pone en su propio cuerpo. Y entonces él se mueve… 
...y de repente le siento dentro de mi, fuera, dentro....demasiado para mí.

Cuando se cansa del juego me hace parar, me acerca a él colocándome de espaldas a él, casi sobre sus piernas. Comienza a tocarme en mi coño empapado, le siento en mi espalda y me reclino contra él. Su mano se mueve rápido, siento el orgasmo muy cerca.

-Lee!!! Es imperativo

…Voy a hacerte daño.Ella dice que lo sabe.Él dice que a vece las mujeres gritan. Que los chinos gritan. Pero que no hace daño más que una vez en la vida, y nunca más.[…]Le dice que cierre los ojos…

Con una mano agarra mi cuello, lo aprieta sin dejar de mover la otra. Esa sensación me vuelve loca, y cada vez estoy más cerca de correrme. Sigue tocándome, rápido, mi coño arde, más y más.

Que va a hacerlo. Poseerla.Que cierre los ojos. Pequeña, dice.

Siento su gran mano apretarme el cuello un poco más.


Ella dice:No, los ojos cerrados no.Que todo lo demás sí, pero no con los ojos cerrados.Él dice que sí, que debe hacerlo. Por lo de la sangre.Ella no sabía lo de la sangre.




Me cuesta respirar pero no puedo evitar excitarme más y más…

Hace un gesto para escaparse de la cama.Con su mano él le impide levantarse
y más….sintiéndome tan  indefensa en sus manos,

Ella ya no vuelve a intentarlo



...y siento que el orgasmo llega de lleno recorriéndome.

Moët


jueves, 26 de septiembre de 2013

Despierto levemente...

Estoy en tu cama, te siento a mi espala
Tu brazo me rodea relajado.

Me muevo ligeramente
Tu brazo me cierne con fuerza sobre mi cuerpo
Apretándome contra ti.

Con fuerza
Como si temieras que escapara
Casi me haces daño.

Me haces gemir de placer...de dolor...

Cierro los ojos

Vuelvo a deslizarme en un sueño sereno
en la prisión de tu cama
...
Moët

domingo, 22 de septiembre de 2013

Frutos rojos...y hielo

De nuevo, un esperado sábado de primavera comienza con un relajado viaje en autobús a su ciudad, bajo la intensa lluvia, y se transforma en un nervioso trayecto en taxi a la casa de mi Señor. Han pasado largas semanas en las que nos hemos ansiado y deseado en la distancia, que se esfuman en un segundo con el intenso beso y efusivo abrazo con el que me recibe. De ahí…casi sin palabras, a la cama.

 Tras saciar nuestras ganas de contacto mutuo,  de contacto real, de sudor y gemidos, de escribir en mi piel, nos obligamos a tomar un rato para trabajar en el proyecto que oficialmente me ha llevado a visitarle en su ciudad.

Tras la comida, relax. Disfruto dándole un tranquilo y relajante masaje en la espalda, recorriéndole con las manos, deslizándolas sobre él. Sigo ahora con su pecho, masajeándolo, tocándole y acariciándole. Voy bajando cada vez más, por la cintura, y por fin…mi llego a mi premio. La saboreo con ganas y devoción. Lamiendo, succionando y besando. Recorriéndola hasta no dejar ni un cm de piel sin disfrutar con mi lengua. Me atrevo, bajo un poco más, llego a su  culo y…sigo recorriendo con la lengua esa zona casi inexplorada para mí. Sigo con mi boca, él está relajado, y decido dar un paso más hacia lo desconocido…ahora es mi dedo el que acompaña a mi lengua en su privilegio… Quiero que disfrute y me entrego a ello con caricias.

Descansamos un rato, tumbados en la cama, cuando de repente se levanta y vuelve con un cuenco de fresas y las primeras cerezas de la temporada [Si querido lector, esta es una historia antigua que dormitaba en el papel y solo ahora comparto contigo] Después de retomar fuerzas con la fruta, me veo casi sin darme cuenta con el antifaz puesto y las manos atadas por encima de la cabeza con lo que parece un tipo de tela, seda, ¿una corbata quizás?

Empieza a jugar conmigo, tocándome por donde quiere, jugando con mi coño, obligándome a abrir las piernas para él. Me siento expuesta a lo que él quiera…y esa sensación de sentirme como un juguete a su disposición, como la otra vez…me excita muchísimo. Noto algo frío que me recorre el monte de Venus, llegando hasta mis pliegues, metiéndose en mi interior. Pienso en lo que puede ser, un escalofrío me recorre, y siento cómo juega dentro de mí. Lo mueve, lo desliza…y lo saca, llevándome a la boca la fresa bañada en mis jugos. Está deliciosa. Repite la operación con una nueva fresa, esta vez no viene a mi boca, pero escucho el silencio. Solo después sabré que la fruta empapada de mis jugos se perdería en su boca.

Sigue tocándome y frotándome, poniéndome cada vez más caliente, casi al borde del orgasmo continuamente. Midiendo el tiempo. Sin dejarme ir del todo.

Me estremezco cuando escucho el sonido de los hielos en un vaso, y cómo los saca. Una pausa…y de repente siento el frío en mi coño y me provocan un escalofrío instantáneo. Es tanto contraste con mi piel ardiendo que me es casi imposible de soportar; ¡muevo mis caderas, cierro mis piernas! ¡no puedo evitarlo, quiero huir de esa sensación! El responde a mis evasivas, y me ordena mantenerlas abiertas de una manera que no puedo evitar cumplir su deseo. El reflejo quiebra mi voluntad y mi instinto me lleva a cerrarlas nuevamente, pero me obligo a mí misma a abrirlas.  El frío en el coño, en los labios hace que sean más sensibles, me provoca un dolor sordo…los entumece, es una situación desagradable que tardará, aun cuando el hielo ya se ha retirado de mi piel, en desaparecer.

Acerca de nuevo fruta a mis labios, esta vez  es una cereza y me hace comerla, al tiempo que escupe sobre mi boca, obligándome a tragar todo, fruta y saliva. Trago rápidamente. No le veo, no sé que ocurrirá a continuación. De repente siento un liquido caer sobre mi boca, derramándose sobre mi cara. Temo que pueda ser leche como la vez que me obligó a tomarla…pero…siento el delicioso sabor del vino tinto, que se me va derramando por el cuello y el pelo, y trago con ansias lo que ha caído en mi boca. Estoy terriblemente excitada y siento que haría cualquier cosa. Lo estoy, si, estoy al límite, parece que todo se va a terminar pero no; él, dueño del tiempo, sigue torturándome de placer.

Él maneja las pausas, el ritmo, me libera a su antojo del antifaz y me deja ver su mirada divertida…”¿y si te dejo así, hasta que volvamos de la cena, sin dejar que te corras?” Le miro de golpe, y él al ver mi expresión, se echa a reír, le divierte verme tan caliente y tan a punto de orgasmo hace un momento y ahora el gesto en mi rostro al ser consciente de que sería capaz de hacer algo así…No digo nada…espero paciente…imagino que se lo puede estar pensando dependiendo de mi reacción.  Le digo…”no creo que sea buena idea que me lleves contigo a la cena en este estado, tan caliente como me has dejado, podría hacer cualquier tontería” Se echa a reír de nuevo: “cierto perrita, tranquila, no te dejaré así, tengo preparada una tortura histórico-cultural para ti, y entonces, dejaré que te corras”

Me dejó totalmente intrigada y pensativa...

Moët

lunes, 16 de septiembre de 2013

El sol de septiembre.

Suena Glenn Gould en un viejo disco de los años sesenta y mientras las variaciones Goldberg brotan de sus dedos, leo en tu diario que estas necesitada de mi.

No puedo -mientras te leo- evitar pensar en el sol que timidamente ilumina mi despacho por unas horas. En algún momento de la mañana hace su aparición sin hacer ruido, lo noto suavemente acariciando mi brazo. Sin molestar. Regalándome su reconfortante tacto sobre mi piel. Y ese bienestar me mece llevándome a un limbo donde los dorados rayos del astro rey son ahora tus cabellos, y aire se vuelve tibio como tu aliento cuando encendida quedas a mi voluntad.
Y así pasa el tiempo y por mi cabeza discurren tus jadeos siempre a mi placer, tu actitud siempre solícita ami deseo. El ruido en torno mia no obedece ya a la fanfarre funcional del edificio, ahora en mis oidos habita tu piel respondiendo a mis azotes, el sordo ruido de la seda del corsé, el aire gritando al ser cortado...

Hace semanas que no te veo, dias que no hablo con mi perra, pero cada mañana tengo, el tímido sol de septiembre. Al que se cuela por mi ventana, lo llamo Moët.

Pamplona, 16 de septiembre de 2013
Domine Craso

Necesitada de Tí, mi Señor

Me siento necesitada de ti, mi Dueño y Señor. Son muchas las sensaciones que me invaden últimamente, la sensación de sentirme desaprovechada, y en ocasiones poco deseada y un poco inutilizada. 

Intento ahuyentarlas de mi cabeza, porque sé que estás terriblemente ocupado. Que no te dan las horas para hacer todo lo que deseas, incluido ocuparte de mí. Yo ando un poco igual últimamente, muy liada y atareada con mil cosas, se me va el tiempo sin poder terminar tareas pendientes. Pero  aun así, siendo consciente de esta situación, no puedo evitar sentirme así. Se que deseas utilizarme, usarme para tu placer, y jugar conmigo. Yo también lo estoy deseando y lo sabes. Y aun así….sé que no puedes perder un minuto conmigo. 

Intento tener paciencia, esperar…y no impacientarme. No pensar sólo en el placer que me proporciona complacerte y servirte. Pero me haces gozar tanto al estar a tu servicio, que…¿cómo no voy a estar impaciente por volver a estarlo? 

Aún siendo racional, sabiendo que queda poco tiempo para vernos, pensando en otras cosas e intentando mantener estas sensaciones al margen, hay momentos en los que me dejo llevar por el lado exhibicionista que has hecho surgir de mi, y te regalo imágenes tentadoras, en las que te muestro mis ganas y ansias por estar de nuevo…a Tus Pies.

Besos Moët.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Marcada

Me gusta ver las marcas que me deja mi Amo cuando vuelvo de estar con él. Como su firma en mi cuerpo. Como su sello.


Son casi como trofeos que me traigo de cada visita. Hacen que perduren los recuerdos un poco más y que me sienta como una yegua marcada por su Dueño. Me acompañan durante días. Al principio son imperceptibles, pero poco a poco según los recuerdos se van diluyendo, ellas se hacen más fuertes y más visibles.



Porque aunque le recuerdo….mucho…cada vez que las vuelvo a ver cuando me desvisto,  o cuando voy al ir al servicio a todo correr mientras estoy en el trabajo, las veo, las acaricio, y me vienen las imágenes de esos momentos a la cabeza como flashes. Imágenes que me provocan punzadas en el vientre, que provocan que algo se retuerza en mi interior. Sólo el recuerdo me transporta a ese instante de nuevo, bajo su dominación. y hacen que se me escape un gemido de placer Siento orgullo al poseerlas, por haber aguantado el dolor que me produjo Él al hacerlas, por el placer de su mirada.



Miro cada una y me evoca al instante exacto en el que me la hizo. El moratón del muslo, un arranque que le dio de pronto cuando se incorporó y se dirigió directo al muslo para dejar clavada su boca, arrancándome un pequeño grito mientras le intentaba retirar la cabeza al no poder aguantar más. El beso que vino después, cariñoso…


La marca del bocado de mi glúteo derecho, no puede negarse lo que la provocó. Casi circular, evidencia el mordisco. Más fuerte que la otra, con los dientes marcados con fuerza, con fiereza, con mucha pasión, con dominación.

Aunque por otra parte me “enfade” un poco con Él por dejarme unas marcas tan evidentes y que me suponga un verdadero problema evitar que alguien las vea, como mi marido o  mi familia en la playa. Sabe que me las vi muy mal  para tapar la marca del culo con el bikini. Creo que ponerme en esos aprietos además le encanta, que me suponga todo un reto añadido. Y es que tiene una mente muy retorcida, mi deseado y adorado Señor.


Besos, Moët

martes, 13 de agosto de 2013

Envío especial de Moët

Ayer mismo volví de ver a mi Señor Domine Craso, después de casi un mes sin haber estado con Él, con mi Dueño, con mi Amo... Fue un encuentro muy ansiado y deseado, que mi sumisa interior necesitaba tanto… como conté aquí en el último post. Pero no es de eso de lo que os quiero hablar ahora…sino del día en el que le hice. un envío muy especial. Un sobre dirigido a mi Señor, con una breve nota y mis braguitas usadas.

Recuerdo mi excitación el momento en el que salí corriendo del bar donde trabajo para cruzar la acera y echarlo al buzón. Nadie sospecharía de lo que iba dentro: las braguitas que Él, mi Amo me hizo meterme en el coño mientras me exhibía y me masturbaba para Él frente a la cámara. Llevando el collar y el corsé nuevo que compré el día que os contaba aquí.

Fue muy intenso…y terriblemente placentero...como siempre. Hizo que fuera exhibiéndome frente a la cámara, mientras él disfrutaba mirándome. Hace siempre que me sienta tan observada, que me costaba casi moverme, pero la excitación iba venciendo a la timidez según pasaban los minutos y me olvidaba de la cámara. Hacía que me tocara, que me frotara, hasta que me ordenó a ir metiendo las bragas dentro de mí, poco a poco, empujándolas con mis dedos, entrando en mi humedad. Me hacían daño, pero no pude parar, Él quería que siguiera a pesar de todo y así lo hice mientras seguía tocándome.

Me hacía decir frases que sentía, pero que me costaba decir aún. Pero al pronunciarlas me hacían escalar de forma casi descontrolada en una montaña rusa de excitación, y al repetir y repetir….me hicieron explotar, mientras no me quita un ojo de encima, con esa mirada seria y severa que me impone tanto.

“Soy tu perra y me gusta que me humilles”
“Soy tu perra y me gusta que me pegues”
“Soy tu perra y me gusta que me uses”

Pero a su vez, me encantaba ir viendo su excitación, como iba cayendo esa coraza de hombre impasible e inalterable que se limita a darme órdenes para ir cediendo al placer….hasta terminar explotando mientras veia mi cara de perra caliente, ardiendo, fuera de control y corriéndome a un palmo de la cámara.

Pero este no fue el primer envío especial que hice con braguitas usadas. El primero que hice, después de que ÉL hiciera que me masturbara en un baño publico de una clínica, fue un envío fallido que nunca llegó a su destino. Pero esa historia deberá espera a otro momento…

Besos, Moët.

jueves, 8 de agosto de 2013

¿Dónde quedó mi sumisa interior?

 Siento que en estas semanas en las que he estado fuera de la ciudad, de vacaciones, sin contacto amo/sumisa con mi Señor es como si la sumisa de mi interior hubiera desaparecido. Deseo ponerme mi collar de perra, vestirme con uno de mis corsés y arrodillarme ante Él. Ansío servirle, que me someta y estar a sus pies.

Pero esos deseos que he sentido estos días en los que he estado fuera y sabía que no podía tener contactos de este tipo con mi Señor, me provocaban una ansiedad, que como le contaba a él, usé una especie de bloqueo mental de autodefensa y cada vez que me venía a la cabeza algún tipo de pensamiento de este tipo, lo eliminaba automáticamente para no torturarme más. Ha sido una herramienta que me ha provocado  la sensación de que Moët está dentro de mí, en un rinconcito, y que según han dio pasado los días es como si se hubiera ido difuminando, como si fuera desapareciendo dentro de mí. Y al ir a buscarla, apenas encontrarla.

También he tenido una serie de sensaciones que me han ido invadiendo según iban pasando los días. Han sido unos días, concretamente 21 en los que no he tenido un solo orgasmo. Ha sido un auténtico record para mí. Ni conmigo misma, por su estricta prohibición que sigo a pies juntillas ni manteniendo relaciones con mi marido siquiera, porque no las ha habido. Con lo que he estado carente de todo tipo de sexo, de sensaciones, de emociones….en este aspecto.

Compartí con él mis sentimientos. Por primera vez me ha dado permiso para estar “conmigo misma”. Nunca antes me lo había dado, tampoco se lo he pedido, aunque sentía que lo necesitaba, mi orgullo me lo impedía más aun después de acusarme recientemente de pecar de egoísta y de pensar en muchas ocasiones sólo en mí.

Realmente no pensaba hacer uso de ese permiso, pero esa tarde, después de comer…los recuerdos que había ido eliminando de mi cabeza días atrás según aparecían, hicieron acto de presencia, y al saberme libre para tocarme….no pude eliminarlos tan fácilmente. Decidí dejarme llevar, darme el gusto, y evadirme en ellos.  Disfrutar conmigo misma, pero mentalmente de nuevo con Él.  Evocar situaciones vividas la última vez que le serví, mientras mis manos recorrían mi cuerpo deseando que fuera Él quien lo hacía.

A pesar de que ya estaba excitada, el dolor que me provoqué en los pezones como otras tantas veces me ha ordenado provocarme por teléfono, me llevó directamente al estado correcto, activando algo dentro de mí, sacando a Moët de su letargo. Mi mano empezó a tocar diestra mi sexo, a frotarme mientras recordaba un momento concreto, los azotes que recibí la última vez, aquellos que me hicieron gritar de dolor, que intentara huir de su mano, aquellos que deseo recibir de nuevo, sobre sus rodillas. Reviviendo ese momento llegué al orgasmo rápidamente.

Pero no quise parar…tenía su permiso, y había abierto la puerta a todas esas sensaciones contenidas hasta hoy. Seguí recordando otro momento de ese día, algo que aún no he compartido aquí, del que aún no quiero desvelar mucho. Fue la lluvia dorada que recibí sobre mi cuerpo, es un recuerdo que cada vez que viene a mi cabeza me lleva automáticamente a una excitación total. Recordando lo que sentí en ese momento llegué al siguiente orgasmo.

Y como no hay dos sin tres, y mi mente había recibido en masa esas sensaciones antes contenidas, seguí rememorando entre tantas situaciones, pasando por mi cabeza como si de una película se tratara, parándome en la última vez que recibí sus bofetadas  mientras estaba sobre él, sobre su polla, mientras me tocaba bajo sus órdenes, al tiempo que iba recibiendo los tortazos en la cara. Fuertes, dolorosos, pero excitantes. Según iba creciendo mi excitación se los iba pidiendo, uno, y otro y otro…y no hacia otra cosa que excitarme más y más, como ahora mismo mientras lo escribo. Sin parar de tocarme, frotando el clítoris, tocando mis pechos, pellizcando a cada rato mis pezones, estallé en el tercer orgasmo.

Creo que cubrí mi cuota, satisfecha, sólo pensando en lo agradecida que me sentía hacia Él, por haberme dado permiso para tocarme. Comparto este momento tan íntimo con vosotros.

Besos

Moët.